Relato creado en Instagram para La Noche de Duranos
Relato hecho para el 2º año del Evento «La noche de Duranos» propuesto por @Damadeldragonnegro en referencia al Dios del tiempo que aparece en el primer tomo de mi saga «Sueños olvidados: paisaje de fuego y sangre» . Consiste en darle como ofrenda a Duranos un relato para que nos otorgue un buen año. Este año escribiría un relato con las palabras que diese el/la ganador/a de este año. En esta ocasión la ganadora fue @keilani_books y propuso las siguientes palabras: «Cuervo, Camisón, Sonrisa y realidad».
Aproveché para hacer un homenaje a la película «El Cuervo». Como resultado podéis disfrutar de este relato.
El cuervo

Escena de la película «El Cuervo» 1994
La lluvia golpeaba con fuerza mi rostro. Ahora era lo único que me hacía recordar que, una vez, la vida tuvo cabida en esta realidad que me ahoga.
Los muertos gritaban mi nombre, y me imploraban que regresase hacia el reino de las sombras. Un dominio ahora decorado con la sangre de aquellos que habían sido asesinados esta noche. Almas que habían perecido hace un año, aunque aún no lo sabían, en el momento en que osaron tocar a un ángel sobre la tierra.
Sabía que debía volver a mi fría tumba, donde el olvido me esperaba para el resto de la eternidad.
Estaba a un par de pasos hacia mi destino. Siguiendo una vez más hacia la muerte al mismo cuervo que me había traído de vuelta a la vida. Eso fueron los instantes en que pude sentirla de nuevo.
Noté su aroma, su esencia, en el gélido viento de la noche, como si jamás se hubiera ido de este mundo maldito.
Mientras me giraba lentamente, dudaba por un instante que fueran mis propios recuerdos, y pensamientos, los que me torturaban como lo habían hecho tantas veces. Haciéndome titubear y no ser capaz de distinguir si lo que vislumbraba era un sueño o la realidad.
Una figura envuelta en bruma se encontraba frente a mí. Llevaba un camisón blanco, tan puro como la luz que emitía su mirada, que antaño hacía amanecer mi voluntad en la soledad de este mundo. En su rostro se dibujaba una sonrisa que ni los mismos dioses podrían imitar jamás.
La cogí suavemente de la mano y la seguí.
La acompañaría más allá de la vida y de la muerte. Más allá de toda la existencia. Por qué estando a su lado ya no me sentía solo. Por fin, comprendí las voces de su recuerdo que nunca se fueron de mi mente susurrándome: No llueve eternamente.




