La hora más oscura

Relato creado por @manodemitril. Esta vez no consiste en continuar su historia, sino nominando a otro autor, elegir uno de los personajes que nos ofrece de una lista, y cado uno escribe una versión del personaje, uno siendo malvado y otro siendo bueno.

Para este reto me nominó @alexdhawer y optó por escribir él la opción malvada y yo el bueno, escogió el pj: «Guerrero sin brazos que lleva un peto de cuero y grebas metálicas con cuchillas en rodilla y pies»

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El dolor en mi pecho era abrasador.

Kain, el traidor convertido en demonio y líder de la legión negra, me tenía de rodillas frente a él con sus garras clavándose en mi costado.

Mis pensamientos se iban nublando conforme el dolor se expandía por todo mi cuerpo.

Cuando llegué a esta sangrienta batalla, los veteranos soldados del corazón del imperio parecían reconocerme. Vitorearon un nombre que yo no recordaba. Sin embargo, ahora, en su hora más oscura, guardaban silencio contemplando como se iba apagando la última luz de una esperanza que siempre fue un espejismo ante el poder de la legión negra.

Kain, con un sonrisa, se jactaba de haber vencido en dos ocasiones al campeón del imperio.

Yo no recordaba nada de quién era antes de que Kain, el más noble de los caballeros del imperio, cayera en las sombras y me arrancara los brazos en aquella batalla dándome por muerto hace cinco años.

Los monjes del Templo de las Tormentas cuidaron de mí y me instruyeron para nuestro aciago destino.

Desesperado, decidí usar una técnica prohibida. Usando toda mi energía, que mantenía cada átomo de mi cuerpo unido, mutilé el brazo de kain y con un salto, de media luna hacia atrás, destrocé su cuerpo con las cuchillas injertadas en mis piernas, haciendo temblar por primera vez a toda la legión negra.

Llevamos demasiado tiempo viviendo en la oscuridad. Hoy, por primera vez, mostraremos a los demonios lo que es el verdadero terror.

El otro lado del muro



Relato creado para la continuación de una historia como reto de Instagram propuesto por @manodemitril

Imagen de  Harkale-Linai en DeviantArt

Por primera vez en muchos años me desperté con una sonrisa en el rostro. Soñar que mi trabajo consistía en buscar una bacteria que devorase el plástico era como haber muerto y estar en el cielo. Rápidamente lo anoté en mi diario para guardar estos pequeños recuerdos que me hacían sonreír. Pero no podía perder más tiempo. Hoy era el día en el que mi vida volvería a cambiar.

Me dirigí a aquella habitación en la que había estado trabajando desde que el colegio de médicos me retirara los títulos. Todos ellos, y no eran pocos.

Mis dedos ya rozaban el frio cristal del frasco de suero, cuando las voces volvieron a escucharse dentro de mi cabeza. Sus mensajes eran ininteligibles, pero sus susurros atormentaban mi mente cada día como un taladro invisible. A veces deseo sacar el revólver del cajón y hacer callar a las voces para siempre. Pero nunca he tenido el valor para hacerlo.

Una enfermedad mental, decían… esos idiotas, no tenían ni idea. ¿Cómo iba a tratarse de algo neuronal sin ninguna lesión en el cerebro?

Me acomodé en una silla y me até los pies lo más fuerte que pude con unas sucias correas. Luego mordí un trozo de madera y me dispuse a inyectarme aquel líquido azulado. Nunca lo había probado, ni en mí, ni con nadie. ¿Acaso podría haber alguien como yo? No, estoy seguro de que estoy solo en esto.

Mirando aquella aguja que estaba a punto de clavarme en el brazo, dudé un segundo. Recuerdo cuando pensaba que todo era producto de aquel fatídico accidente de tráfico en el que murió mi familia. Cuando salí del coma lo primero que escuché fueron aquellas voces, susurrando como una cortina de niebla que me separaba de la realidad.

Hoy es el día en que demostraré que no estoy loco.

Sentí el líquido quemando mis venas y el dolor propagándose por todo mi cuerpo, casi hizo que perdiera el conocimiento.

Quería abrir mis ojos, pero mis párpados no respondían. Me ardían con tanta fuerza, que pensé que iban a estallar. Solo un último esfuerzo… Eso es… Ya está.

Un muro negro. Eso fue lo que vi. Pero al desmoronarse, por fin pude comprender… En la oscuridad podía ver lo que siempre me había atormentado en la luz. Eran figuras oscuras, sin rostro, que hacían que la locura ya no tuviera cabida en términos médicos. Ahora las veía, ahora podía entender aquellas palabras que me habían estado atormentado.

Las carcajadas de un hombre que luchaba aún contra lo racional, salieron de mi garganta y me acompañaban como una melodía fúnebre en mi viaje a lo desconocido.

La policía encontró mi cadáver días después aún atado a esa silla. Esos ilusos… nunca lo comprenderán. Jamás podrán destruir el muro que separa la realidad de los sueños.

Autor: Borja Barrero Ramos

28/02/2021