El otro lado del muro



Relato creado para la continuación de una historia como reto de Instagram propuesto por @manodemitril

Imagen de  Harkale-Linai en DeviantArt

Por primera vez en muchos años me desperté con una sonrisa en el rostro. Soñar que mi trabajo consistía en buscar una bacteria que devorase el plástico era como haber muerto y estar en el cielo. Rápidamente lo anoté en mi diario para guardar estos pequeños recuerdos que me hacían sonreír. Pero no podía perder más tiempo. Hoy era el día en el que mi vida volvería a cambiar.

Me dirigí a aquella habitación en la que había estado trabajando desde que el colegio de médicos me retirara los títulos. Todos ellos, y no eran pocos.

Mis dedos ya rozaban el frio cristal del frasco de suero, cuando las voces volvieron a escucharse dentro de mi cabeza. Sus mensajes eran ininteligibles, pero sus susurros atormentaban mi mente cada día como un taladro invisible. A veces deseo sacar el revólver del cajón y hacer callar a las voces para siempre. Pero nunca he tenido el valor para hacerlo.

Una enfermedad mental, decían… esos idiotas, no tenían ni idea. ¿Cómo iba a tratarse de algo neuronal sin ninguna lesión en el cerebro?

Me acomodé en una silla y me até los pies lo más fuerte que pude con unas sucias correas. Luego mordí un trozo de madera y me dispuse a inyectarme aquel líquido azulado. Nunca lo había probado, ni en mí, ni con nadie. ¿Acaso podría haber alguien como yo? No, estoy seguro de que estoy solo en esto.

Mirando aquella aguja que estaba a punto de clavarme en el brazo, dudé un segundo. Recuerdo cuando pensaba que todo era producto de aquel fatídico accidente de tráfico en el que murió mi familia. Cuando salí del coma lo primero que escuché fueron aquellas voces, susurrando como una cortina de niebla que me separaba de la realidad.

Hoy es el día en que demostraré que no estoy loco.

Sentí el líquido quemando mis venas y el dolor propagándose por todo mi cuerpo, casi hizo que perdiera el conocimiento.

Quería abrir mis ojos, pero mis párpados no respondían. Me ardían con tanta fuerza, que pensé que iban a estallar. Solo un último esfuerzo… Eso es… Ya está.

Un muro negro. Eso fue lo que vi. Pero al desmoronarse, por fin pude comprender… En la oscuridad podía ver lo que siempre me había atormentado en la luz. Eran figuras oscuras, sin rostro, que hacían que la locura ya no tuviera cabida en términos médicos. Ahora las veía, ahora podía entender aquellas palabras que me habían estado atormentado.

Las carcajadas de un hombre que luchaba aún contra lo racional, salieron de mi garganta y me acompañaban como una melodía fúnebre en mi viaje a lo desconocido.

La policía encontró mi cadáver días después aún atado a esa silla. Esos ilusos… nunca lo comprenderán. Jamás podrán destruir el muro que separa la realidad de los sueños.

Autor: Borja Barrero Ramos

28/02/2021

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